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Aluvión en El Olivar, las huellas de un desastre

Sitio Prehispánico El Olivar de La Serena

Evidencias de un gran desastre natural ocurrido hace 1000 años está revelando el sitio arqueológico El Olivar, en La Serena. El sitio, que ha sido un gran faro para iluminar los ritos y costumbres de nuestros ancestros, ahora suma a sus revelaciones que la furia de las aguas del río Elqui pudo ser conocida, y sufrida, por los pueblos prehispánicos.

El Olivar es el asentamiento precolombino más grande de la Región de Coquimbo, de unos 1500 años de antigüedad. La extraordinaria operación de rescate que se está realizando con motivo de la construcción de la doble vía ha arrojado hasta la fecha nueva y valiosa información sobre las culturas que allí vivieron: Diaguitas, Ánimas y Molles.

Para rescatar los vestigios, los arqueólogos cavaron trincheras de hasta 1,80 mts. En una de ellas queda a la vista un extenso perfil donde se pueden ver las distintas capas de sedimentos, culturales y naturales, que se han acumulado por siglos.

Los doctores Antonio Maldonado, Paleoclimatólogo del CEAZA, José Luis Antinao y Eric McDonald, geólogos del Instituto de Investigación del Desierto (Desert Research Institute, DRI) Nevada, USA están estudiando estas formaciones.

Para el geólogo Dr. José Luis Antinao los sedimentos de gravillas, gravas y bloques en la capa inferior, apoyan la hipótesis de que un evento meteorológico importante pudo provocar flujos de agua que afectaron al asentamiento indígena.

“Esto representa un evento importante, porque hay deposición muy rápida y con mucha energía. Pudo haber ocurrido un evento de precipitación muy grande y sería interesante poder seguir estudiando el sitio, para entender mejor cómo ocurrió la dinámica”, comenta.

Ceaza, Instituto de Investigación del Desierto
Los científicos realizarían una pequeña excavación perpendicular al eje (este-oeste) de la trinchera para determinar la dirección del torrente que atravesó parte del sitio. Una posibilidad es que el flujo viniese desde el río, como producto de una crecida, o bien que este bajara desde las terrazas fluvio-marinas superiores, para confluir hacia el río.

Imaginando el pasado


Gabriel Cantarutti, arqueólogo que lidera los trabajos en el lugar junto a su colega Paola González, afirma que los estudios de formación de suelo son interesantes para conocer las condiciones ambientales del pasado y examinar, como en este caso, eventos catastróficos que pudieron afectar la vida de las comunidades prehispánicas que habitaron antiguamente el lugar.

“Gracias a la colaboración de los investigadores que están trabajando con el CEAZA hemos tenido la oportunidad de visitar en el sitio perfiles expuestos que nos hablan de procesos naturales de formación y destrucción del lugar, antiguamente habitado por diaguitas”, recalca.

Según el arqueólogo, este asentamiento podría ser imaginado como un caserío disperso, de varios cientos de habitantes, donde tenían lugar actividades domésticas como la preparación y consumo de alimentos, elaboración de herramientas, el descarte de basuras (conchales).

“También habían áreas más reservadas de connotación ceremonial, donde eran enterrados los miembros de la comunidad. De hecho, es este último aspecto del sitio el que más se ha realzado a lo largo de los años, lo cual ha llevado a que éste sea conocido como un cementerio. Sin embargo, las actuales investigaciones demuestran que el sitio es un asentamiento más complejo, en donde la dimensión funeraria es una entre otras dimensiones presentes en el sitio”.





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