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Los secretos del Culimo

Embalse Culimo, Los Vilos
Como nunca antes. Por primera vez en su historia el Embalse Culimo logra almacenar agua hasta el 80% de su capacidad, por lo que este año ofrece un espectáculo imborrable para los visitantes del Valle de Quilimarí, en la comuna de Los Vilos.

Del mapudungún kulli mo (animal fértil), el Culimo se llena de promesas para los lugareños y su entorno natural. Taguas y patos silvestres ya están disfrutando deliciosas zambullidas y para los turistas que disfrutan el ecoturismo y la arqueología, ofrece un gran momento para explorar sus tesoros.

El tranque, el más pequeño de la Región de Coquimbo, se ubica a 18 kilómetros al oriente de Guangualí, acercándose al poblado de Tilama. Dos localidades claves de la Ruta del Cuarzo del Valle de Quilimarí y también muy cercano a la Ruta del Tren Longino, que en esta zona tiene varios puentes y túneles valorados como Monumento Nacional.

Si te gusta la aventura, puedes bordear el Culimo, tomando la huella que se encuentra al oriente del tranque, y luego seguir por la quebrada en dirección al norte. En el camino sorprende la presencia de la palma chilena (Jubaea chilensis) especie endémica, clasificada En Peligro de conservación en la IV Región.
Junto a la Cuesta Las Palmas (cruzando Quelón hacia la provincia de Petorca) los palmares de la quebrada de Culimo son los más septentrionales del país y, al igual que los mencionados, se espera que sean declarados como Sitio Prioritario para la Conservación de la Biodiversidad a nivel nacional.

Es un palmar relicto, cuya data se desconoce pero se cree que fue cultivado por pueblos prehispánicos que conocían su valor alimentario: de la savia se extrae miel, la principal causa de su disminución, pues el proceso para producirla lleva a la muerte de la Palma Chilena, que tarda 35 a 70 años en madurar.

Vista dos petroglifos
Como migajas de pan que guían en un viaje en el tiempo, la huella de Palmas en la quebrada de Culimo indica que se está pronto a llegar a lo que se cree fue un punto ceremonial de diaguitas o diaguitas-incas, que habitaron esta zona del Norte Verde entre el 900 y 1500 dC.

Un cartel municipal señala la entrada a los Petroglifos de Culimo o las “piedras marcadas” como les llaman allí. Basta seguir el ruido de las aguas para internarse en el corazón de la quebrada, cubierta y frondosa como las del sur de Chile.

Al frente, una pared rocosa de unos 23 metros de altura y pintada de cactus guarda 6 paneles de petroglifos que miran al oeste, donde destacan sobre una loza natural dos máscaras de contornos cuadrangulares que enmarcan diseños ondulantes y figuras que recuerdan peces, y que bien podrían estar señalando el camino hacia el mar.

Mapa práctico o lienzo de símbolos rituales, estos grabados de arte rupestre se encuentran a simple vista y en buen estado de conservación. Desentrañar su significado o simplemente imaginar la vida de los pueblos que traspasaron el tiempo a través de sus cultivos y mensajes, es parte de la invitación del hoy reluciente Embalse Culimo.






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