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Crianceros, un viaje ancestral

"Todo lo que sucede aquí abajo se escribe primero en el universo. El viaje está trazado en las estrellas". En el Puente de Fiscal de Salamanca, la agrupación Inti Killa Lawen (de descendientes mapuches y diaguitas) dibujó con saltos y cantos una ruta llena de buenas energías para que las cabras y sus crianceros tengan un buen viaje a las alturas de la montaña, con mejores pastos para alimentarse y frescas aguas para beber durante el verano.

Elizabeth Villegas (izq. atrás) con miembros de Inti Killa Lawen
Fue el inicio de la primera fiesta dedicada a la trashumancia ancestral en esta ciudad cordillerana de la provincia de Choapa. La trashumancia o veranada es un tipo de pastoreo (especialmente de ganado caprino) que pervive con fuerza en el Norte Verde. Se atribuye a las costumbres ganaderas practicadas por los españoles en el siglo XVII y a las tradiciones caravaneras de los pueblos andinos, que llevaban sus llamas y alpacas por las mismas rutas cordilleranas, año tras año, siglo tras siglo.

"Dios me bendijo con 300 cabritas este año, todas sanitas" cuenta Catalina Araya, quien junto a otros miembros de su familia y los Olivares, Tapia, Villalobos y Báez, va arriando el piño de cabras por las calles de Salamanca, ante la mirada sorprendida y alegre de los vecinos. Ella partirá después de las fiestas en un viaje de 5 días y cuatro estaciones de descanso para llegar al mismo sitio que reserva para sus animales desde que era joven. "Arriba hay buenos pastos, sólo me tengo que preocupar de la yerba loca, que les afecta el sistema nervioso. Pero están todas vacunadas y desparasitadas, no se me ha enfermado ninguna este año".

"Más lento, más lento, que esta gente no está acostumbrada a andar con las cabras" le grita Catalina a los demás crianceros, dando un respiro de tanto en tanto al cortejo de curiosos, fotógrafos, carabineros y representantes de la agrupación indígena que vienen cantando y haciendo sonar sus tambores detrás del rebaño.

Al llegar a la Plaza de Armas de Salamanca, los crianceros se detuvieron para ordeñar y convidar la leche más fresca imaginable. "Está muy tibia, está muy rica" decían los niños que la recibían en improvisados vasos hechos de botellas recortadas. Y una vez que un buen número de salamanquinos mostraba sus bigotes blancos de leche fresca, continuó la marcha hacia las afueras de la ciudad. Al Taller Kreaelite, en Santa Rosa.

Allí está la cuna del proyecto "Crianceros y su Huella Ancestral por el Valle del Choapa", y su gestora, la artista en mosaico Elizabeth Villegas, quien quiso homenajear a los pueblos originarios de la zona y a los herederos de esta práctica a ancestral a través de un mural de 100 mts2, hecho en tierra y mosaico.

Más de siete meses de trabajo, junto a su equipo de mosaiquistas - Orietta Cabezas, Evelyn Torres, Maurix Gutierrez y Patricio Chavez y un grupo de voluntarios dirigidos por Manuel Silva, dieron vida a la fauna y a las gentes del pasado y presente de la transhumancia salamanquina, mientras difundían con expertos la historia de la trashumancia con talleres para adultos y niños.

Con arcillas recogidas de la ribera del Río Choapa y cerámicas finamente trabajadas para representar fielmente los colores y formas del territorio, crearon distintas escenas con cóndores y llamas, cabras y gentes del presente y el pasado del patrimonio criancero del Choapa.

Ganadora del Fondart 2017 en Artes Visuales (y con el mayor aporte entregado en la Región de Coquimbo) Villegas convocó para este proyecto a la Municipalidad de Salamanca, la Asociación de Crianceros, la Junta de Vecinos de Santa Rosa, la Asociación de Indigenas Inti Killa Lawen y a la comunidad Taucán además de un grupo de colaboradores del mundo de la cultura y la biodiversidad.

Bajo la atenta mirada de un sonriente diaguita en mosaico, cabritas y crianceros ingresaron al Taller  Kreaelite para celebrar con mate y queso de cabra la inauguración del mural. Era el fin de la fiesta y el comienzo del viaje escrito en las estrellas.








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