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El revuelo del Carau

Detalle de Carau mirando de frente

Cuentan los guaraníes que Carau era un joven que vivía junto a su madre, al lado de un estero. Cuando ella enferma, va al pueblo a buscar medicamentos. Pero en el camino encuentra una gran fiesta y se maravilla con el baile. Embriagado al son de la polka, rechaza las advertencias de sus amigos y olvida su misión. Finalmente, le avisan que su madre ha muerto y Carau responde: el baile no voy a dejar, ya habrá tiempo para llorar. En la madrugada el muchacho reacciona, se arrepiente y parte rápidamente a su casa. Pero ya es tarde, Tupá, el dios supremo de los guaraníes, decide convertirlo en un ave zancuda con oscuro plumaje para que vista el luto para siempre, le da un graznido que parece un lamento y unos ojos enrojecidos de tanto llorar. Desde entonces el Carau es visto en esteros y lagunas, llorando a su madre muerta…

“No conocía la leyenda, sólo difiero de los ojos rojos” dice César Piñones, profesor del taller de ornitología de la escuela Carlos Vial Espantoso de Huentelauquén Sur, en la comuna de Canela, que logró el primer registro de un Carau (Aramos Guarauna) en Chile, causando un gran revuelo en la zona y en el mundo ornitológico.

El cariño que despierta esta ave que parece llorar la ha hecho muy conocida en toda América, desde Florida, en EE.UU., hasta el norte de Argentina. Salvo en Chile, donde no existían datos de su presencia hasta que 11 niños del taller de ciencia escolar la descubren alimentándose entre las plantas.

“Ariel fue el primero en verla, la perseguimos y fotografiamos y supusimos que era un Cuervo del Pantano porque son muy parecidos, excepto en la forma y color del pico, que en el Carau es más recto y mitad amarillo, mientras el Cuervo del Pantano (Plegadis chihi) lo tiene gris y con una curvatura pronunciada”.

Al día siguiente Piñones viaja a la Universidad de La Serena donde comparte las imágenes con los profesores Carlos Zuleta y Víctor Bravo. Ante la duda envían las fotos a la Red de Observadores de Aves de Chile (ROC). El entusiasmo cundió al ver que se trataba de un Carau y al tercer día un equipo del ROC viaja a la zona para confirmar definitivamente su presencia por primera vez en la Región de Coquimbo y en el país.

“Esto fue una casualidad que no es casual, porque es fruto de la perseverancia y del trabajo en redes” afirma el profesor Piñones, quien tiene una historia larga en la zona, desde trabajar por la protección del Humedal Huentelauquén, primero como Zona Libre de Caza y luego como sitio Ramsar y ahora como miembro del Programa de Educación Ambiental del Municipio de Canela, creado en febrero de 2016, dando vida a 5 talleres de ornitología en las escuelas y el liceo de la comuna.

Ave Carau tras un cerco
Carau en Huentelauquén, por César Piñones
La noticia del avistamiento se masificó rápidamente y observadores de distintos lugares viajaron para ver al ave. “El teléfono no dejó de sonar. Me llegaban invitaciones de Facebook de gente que nunca he visto porque querían ir al lugar donde encontramos al Carau, que está en un terreno privado”. La "Carau-manía" llegó al punto de que unas personas entraron sin permiso y revolvieron los matorrales, causando molestia entre los dueños, por lo que César Piñones tuvo que llamar la atención a través de las redes para controlar estas actitudes, a toda vista perjudiciales para el trabajo científico y en especial el de los niños del taller que cuentan con permiso especial para entrar al terreno.

Y son los estudiantes los más contentos con el encuentro. “Están alegres, nerviosos, ansiosos y súper orgullosos” con el descubrimiento, dice su profesor de ornitología, que ha visto crecer notoriamente la demanda por este taller. “Esta es una edad clave para generar actitudes ambientales. Los niños son inteligentes, responden cuando se dan cuenta que estás haciendo un trabajo serio. Sólo hace falta darles la oportunidad para que canalicen sus habilidades”.

Entre los 5 talleres escolares que lidera Piñones participan más de 150 niños, abocados a distintos proyectos, como recopilar información que será incorporada al proyecto Atlas de las Aves Nidificantes en Chile, de la ROC.

Ay, Carau!


Los lugareños ya habían visto al Carau cuenta Piñones “pero pensaban que era un Pidén (Pardirallus sanguinolentus) más grande, y lo dejaron tranquilo porque descubrieron que se comía los caracoles, que son una plaga en la zona. De hecho, donde se instala el Carau deja una gran cantidad de conchas perfectamente limpias, pues es muy hábil para desconchar moluscos”.

Las informaciones de su estadía son diversas, algunas personas afirman que lo han visto desde hace 6 meses, otras desde hace 3 años. Pero, claramente, hasta ahora era confundida con otras especies de aves acuáticas.

Lo importante, para Piñones, es que la noticia del Carau ha permitido hablar de conservación y medioambiente en toda la comunidad. “En Huentelauquén hay un número importante de adultos mayores que pueden participar de la conservación de la biodiversidad con prácticas muy sencillas como poner cajas nido o bebederos en los jardines. Así proteges a las aves y de paso recibes sus beneficios, como el control de caracoles que hace el Carau”.

Sobre si estamos o no frente a una migración, Piñones dice que aún no se puede afirmar . “Lo que sabemos del Carau es que se trata de un ave residente, que no se aleja demasiado de su territorio. Hay registros raros en Canadá por ejemplo. En nuestro continente, lo más al sur donde habita es San Juan en Argentina, que está justo frente a nosotros, pero sólo podemos especular que llegó desde allá. Las condiciones ambientales pueden presionar a las aves a buscar nuevos territorios o puede ser simplemente un ejemplar extraviado. Es muy temprano para sacar conclusiones”.

En las últimas dos semanas no se ha vuelto a ver al Carau. Pero las observaciones continuarán al menos hasta fin de año mientras continúe el taller estudiantil. Regrese o no, el revuelo provocado por el Carau ha dado un fuerte impulso al programa de educación ambiental de la comuna de Canela, y ha despertado un gran interés en jóvenes y adultos por la conservación del medio ambiente.

Si vuelve, ya conocemos su leyenda, su aporte al ecosistema y su estampa. Sólo nos queda un detalle: su canción.

El Carau, tema clásico de la música chamamé, de Corrientes, Argentina:




Imagen principal: Carlos Zuleta.




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