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Bartolomé, el santo y el pirata



Diciembre de 1680. Bartolomé el Pirata desciende en la playa de Coquimbo con un centenar de hombres. Mientras, en las iglesias de La Serena, resuenan las súplicas a Bartolomé el Santo, para que proteja a las familias de la esperada catástrofe.

Por paradojas del destino, un Bartolomé católico y otro protestante quedaron unidos en el peor desastre de piratería ocurrido en las costas de Coquimbo.

El grito “¡Llegó Sharp a Coquimbo!” recién comenzaba.

La segunda ciudad más antigua de Chile, fue bautizada en 1549 como San Bartolomé de La Serena en honor al beato que, curiosamente, es representado cuchillo en mano.

El bucanero inglés Bartolomé Sharp estaba mucho mejor armado que el patrono y venía precedido de un extenso currículum de saqueos desde Panamá al sur. Fue allí donde capturó el velero español con el que arribó a Coquimbo, el Santísima Trinidad, al que re-nombró simplemente Trinity.

A esa fecha, el corsario era un dolor de cabeza para los españoles desde hacía dos años. El tratado vigente, de no piratería entre España e Inglaterra no lo detenía. Y aunque vigilaban su rumbo, las huestes militares enviadas desde Santiago llegaron muy tarde.

Así, Sharp y sus hombres actuaron casi sin contrapeso.

“Los habitantes de La Serena tuvieron ocasión de comprobar que el apóstol San Bartolomé, bajo cuya égida se hallaba establecida la ciudad, no era capaz de defenderla de su homónimo inglés, el pirata protestante Bartolomé Sharp”, diría el historiador Domingo Amunátegui. *

Tomaron la ciudad, se abastecieron de agua y alimentos, capturaron rehenes a unos y asesinaron a otros y hasta tuvieron tiempo para esperar el pago del “rescate”, fijado en 95.000 reales de a ocho. Era una enorme suma para la época y al no recibirla, arrasaron con pillaje y fuego.

Con las autoridades retenidas y la población escondida en los campos, sólo Bartolomé el Santo pudo observar como eran saqueadas e incendiadas las iglesias, el edificio del Cabildo y toda construcción importante. Las pérdidas fueron tan grandes que la miseria se instaló por años, al punto de que hubo quienes pidieron cambiar la ciudad a Ovalle.

La frase “¡Llegó Charp a Coquimbo!” se dispersó por todo el país, como una de las mayores tragedias de la colonia.

Cuando llegaron los militares españoles el botín de Sharp navegaba hacia Juan Fernández. Lo único que pudieron hacer fue organizar una procesión para agradecer a San Bartolomé por los que habían salvado la vida.

Y aunque la ciudad no volvió a estar desprotegida, la alerta “¡Llegó Charpe a Coquimbo!” se mantuvo por décadas.

Hoy, a más de 300 años de este ataque, Bartolomé el Santo da su nombre a la Catedral de la Serena (Monumento Nacional), mientras Bartolomé el Pirata legó su apellido -totalmente deformado- al refrán “Llegó Charqui a Coquimbo”, que avisa tener cuidado cuando nos visita un atolondrado.**



Ilustración: Ataque pirata, Historia de Chile de Walterio Millar
* “El Cabildo de La Serena 1678-1800”, Domingo Amunátegui
** “Gran libro del folclor chileno”, Oreste Plath

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